''Y como quien amanece, su vida comenzaba a re-amanecer aunque se esforzara por nadar a contracorriente. Y se dio cuenta de que ella no se acabó con el tráfico de la Gran Vía, ni sus días con las gotas de lluvia que borraban las pisadas de las aceras tan transitadas de aquella triste ciudad, en aquella triste tarde de aquel triste mes. Pasaron unos días, un año. Volvió a no creer, a dejarse besar, a no dejarse querer. Volvió a dejarse sorprender sin dejar que nadie la conociera. Volvió a reír tan estrepitosamente que ella misma se ensordecía. Se dejó abrigar en los días fríos que le iban abriendo el camino a la primavera y de vez en cuando se dejó caer en unos brazos que abrazasen sus recuerdos a flor de piel. Pero en el sonido de las canciones que adornaban sus estanterías, en aquella habitación roja, noche tras noche se acordaba de ti''.